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Jueves, 11 Junio 2020 12:54

Qué pueden hacer las empresas ante el coronavirus

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Cada empresa pertenece a un rubro diferente, un mundo diferente, y plantear cómo podría reaccionar cada una ante la pandemia actual puede resultar relativo dependiendo de su campo. Sin embargo, hay ciertas medidas que se están tomando en términos generales y nosotros sumamos algunos consejos que pueden inspirar a otros a tomar decisiones difíciles en estos días.

Pensar en cliente

Vivimos de nuestros clientes. ¿Cómo deben estar mirando el mundo nuestros clientes? Lo mejor es hablar con ellos, pensar con ellos, decidir contando con ellos. La recuperación pasa por los clientes. Los clientes que tenemos y fidelizamos y los nuevos que podemos crear. No hay más.

Pensar en la gente

Desde el primer minuto hay que pensar en la comunidad de personas que forman la empresa. En la salud de nuestra gente. En su situación familiar. En cómo reconvertir cada puesto de trabajo en función de su perfil y de la situación. Algunos teletrabajarán. Otros no podrán y se deberá adecuar toda la operativa a parámetros de seguridad. Tecnología conecta a la gente y lo deben hacer con fiabilidad, pero lo que crea valor son las personas. En muchas empresas, la transformación digital funciona bien y en otras ha sido débil o que hay personas que presentan resistencias funcionales a una estructura de teletrabajo. Tener una empresa preparada para la contingencia es fundamental. Ahora lo hemos comprobado.

Pensar en la cadena de valor

Esta pausa global afecta de modo diverso la lógica de las cadenas de valor por sectores, en función de su nivel de globalización, de su dependencia de materias primas o del dislocamiento de las cadenas del Just-in-time. Hay recuperaciones que no son posibles si no incluyen toda la cadena de valor.

Pensar en nuestras capacidades

Vernos más allá de lo que vendemos, de los productos o servicios que se asocian a nuestra marca. Pensar en términos de lo que sabemos hacer bien (sabemos vender, sabemos ensamblar, sabemos tratar con clientes, sabemos gestionar logísticas complejas, etc.) y ver si nuestras capacidades nos permiten concebir otras oportunidades. Es en momentos de gran dureza dónde se toman decisiones que nos ayudan a repensarnos. Podemos intensificar nuestros mercados, crear proyectos adyacentes de lo que vendemos o podemos imaginar que nuestras capacidades dan para sostener otras ofertas u otros negocios. Mantener el foco en lo de siempre, puede ser una buena opción, si es posible. Pero también lo puede ser diversificar sobre las capacidades propias.

Pensar en agilidad

Una muy buena parte de las oportunidades solamente lo son si respondemos a los retos con agilidad. Hemos visto como gente muy diversa ha tomado decisiones ágiles y estas son las que deben inspirarnos para ver cómo debemos reaccionar en las empresas para concretar nuevas oportunidades. Agilidad para sobrevivir. Las mejores agilidades son las movidas por propósitos transcendentes.

Pensar en aprender

Toda la experiencia de los días de pandemia no puede quedar sin lecciones. La vuelta a las como las conocemos supondrá una obsesión por volver a la vieja normalidad. Es lógico. Las primeras reuniones presenciales no serán para tratar cómo la empresa se reorganiza. Las primeras reuniones presenciales serán para decir cara a cara cómo está la tesorería, como se restablece la venta, la producción y cómo se cobra lo pendiente. Pero habrá que buscar un espacio, más pronto que tarde, para aprender de las formas alternativas de trabajo, explorar qué agilidades se pueden mantener y qué cosas que se hacían por inercia y se pueden reinventar para crear más valor.

Pensar en innovación

Cada gran epidemia ha conllevado innovaciones. El SARS en 2002 supuso la explosión del uso de Internet en China. Cada discontinuidad histórica profunda genera innovaciones relevantes. Hay que estar atento a cómo estas innovaciones que surgen pueden afectar a nuestros clientes y como pueden afectarnos como empresa. Hay que estar dispuestos siempre a pensar en el cliente y explorar.

Pensar en confianza

Es momento para la autenticidad. Para establecer lazos entre las comunidades profesionales que estén marcadas por el compromiso y la generosidad. Compromiso de los profesionales en ayudar a salir de una situación enormemente crítica. Y generosidad por parte de las empresas de compartir los beneficios de la continuidad y el crecimiento de las empresas. Confianza en la recuperación, compromiso para concretar los esfuerzos a la hora de gestionar los beneficios futuros. Muchas empresas pensarán que este año, el espacio de tiempo que va entre junio y diciembre debe aprovecharse al máximo. Se supone que será el espacio de tiempo de plena actividad antes de una posible segunda oleada del virus en primavera. Muchas empresas deberán pactar trabajar en agosto, todo o en parte. Se requerirán acuerdos para remar todo en el sentido de las oportunidades, pero para ello habrá que crear un clima de sensato equilibrio.

Pensar en liderar

En las actuales circunstancias, ser líder quiere decir no esconderse sino reconfigurar la visión, ejemplarizar las propuestas, tomar decisiones. Se necesitan líderes que transmitan confianza, que exigen porqué se autoexigen, que busquen una salida inclusiva a esta crisis, que piensen en perspectiva. Este socavón profundo requiere una mirada a medio y largo plazo. Más que nunca, liderar es servir.

Pensar en la sociedad

Finalmente es un buen momento para que todas aquellas empresas que puedan piensen en ayudar a la sociedad. Hay momentos en que la responsabilidad social es simplemente un imperativo. Aquellas empresas que no piensan en la sociedad en momentos como el actual son empresas con propósitos menores.

 

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